En enero de 2008, Europastry anuncia que pospone sin fecha su salida a bolsa, por las turbulencias del mercado financiero. Tras anunciar el retraso de este proceso, que transformaría la empresa y cuyas ventajas e inconvenientes hay que ponderar con atención, se abre un periodo de reflexión: ¿era buena idea salir a bolsa?, ¿cuál debe ser el proyecto de Europastry a futuro y, en caso de salir a bolsa, el que debe convencer a los inversores?, ¿cómo seguir creciendo? Para dar respuesta a estas preguntas, la alta dirección se plantea tres alternativas de crecimiento: centrarse en consolidar el mercado nacional, abordar una fuerte expansión internacional o apostar por la diversificación.