La jornada puso sobre la mesa dos ejes clave para el directivo actual: cómo navegar en un entorno internacional crecientemente imprevisible y cómo la formación ejecutiva puede acelerar procesos reales de crecimiento empresarial. Sevilla acogió la inauguración del Programa ADECA de San Telmo Business School con la participación de dos voces de referencia del ámbito empresarial y agroalimentario: Ivo Sarjanovic, especialista en mercados de commodities agrícolas, e Ignacio Rivera Quintana, presidente de Corporación Hijos de Rivera.
En un contexto marcado por la volatilidad geopolítica y la incertidumbre en los mercados, Sarjanovic centró su intervención —“Dinámica poblacional y demanda mundial de alimentos”— en la necesidad de que los directivos adopten una actitud activa frente al desorden global. “No hay recetas claras ni certezas”, vino a señalar, insistiendo en la importancia de la información continua, el seguimiento cercano de los mercados y la construcción de escenarios alternativos. En su análisis, los mercados de materias primas agrícolas han entrado en una fase de complejidad estructural, donde asumir estabilidad es, sencillamente, un error de base.
El experto apuntó además que el papel de los empresarios europeos, y en particular los españoles, estará condicionado por factores exógenos de gran escala. La clave, en su opinión, no pasa tanto por influir en el contexto como por entenderlo mejor que los competidores y reaccionar con mayor agilidad. Especialmente en compañías intensivas en materias primas, subrayó la necesidad de gestionar activamente la volatilidad y abandonar cualquier enfoque estático en la toma de decisiones.
Por su parte, Ignacio Rivera Quintana aportó una visión complementaria desde la experiencia empresarial en su intervención “¿Qué teclas tocar para un cambio de dimensión?”. Con una trayectoria que ha llevado a su compañía de 150 a 1.000 millones de facturación, el presidente de Hijos de Rivera puso en valor el papel de ADECA como catalizador de ese crecimiento.
Rivera destacó tres elementos diferenciales del programa: la consolidación de conceptos estratégicos, el valor del networking —“relaciones que perduran décadas”— y una experiencia formativa exigente pero cercana. “Es un programa para directivos con recorrido, donde el aprendizaje se construye tanto en el aula como en la interacción con otros participantes”, explicó.
En cuanto al perfil, lo definió con claridad: alta dirección con experiencia previa y capacidad de aportar al grupo. Y su recomendación fue rotunda: “Absolutamente recomendable”, afirmó, vinculando directamente su paso por el programa con una mayor solidez en la toma de decisiones estratégicas durante el crecimiento de su compañía.
La jornada inaugural de ADECA dejó así una doble lectura relevante para el tejido empresarial: por un lado, la creciente necesidad de profesionalizar la gestión en entornos inciertos; por otro, el papel decisivo que sigue jugando la formación ejecutiva de alto nivel como espacio de reflexión, contraste y aceleración del criterio directivo.


