Nestlé, a través de Purina, entendió que competir únicamente en nutrición animal resultaba insuficiente en un mercado cada vez más emocional y relacional. Se buscaba construir un ecosistema de bienestar alrededor de las mascotas, integrando alimentación, salud, veterinaria, tecnología y comunidad. El fuerte vínculo entre mascotas y personas ofrecía una oportunidad estratégica de enorme valor: transformar una simple relación de compra en una conexión recurrente y duradera con las familias. Esta estrategia permitía aumentar la fidelidad, ampliar servicios y reforzar la presencia de la marca en la vida cotidiana de los hogares.