Matías Arbol, una empresa familiar de materiales de construcción, nace en torno a 1970. Con la crisis de 1985, casi desaparece; la de 1993 la pone en aprietos, y la de 2008 pone difícil sobrevivir. Por separado y sin mucho éxito, cada hermano de la segunda generación, lucha más de 7 años por sacar adelante la empresa. Sin querer y con poco entusiasmo inician un proceso de profesionalización de su gestión que poco a poco ordena el trabajo les hace trabajar en equipo, superan la crisis y aprovechar la recuperación del mercado. Ahora toca pensar en el futuro de la empresa sin que la siguiente generación quiera trabajar en ella y no se les vea solo como dueños. ¿Debe prepararse la venta?