Vueling era en junio de 2015, once años después de su fundación una aerolínea española de bajo coste con base en Barcelona que había conseguido tasas de crecimiento por encima del 25% durante los cinco últimos años, a pesar de la contracción de su principal mercado, el español. La estrategia para conseguirlo, la expansión internacional y la evolución desde el low cost puro, rompiendo alguno de sus “mandamientos”. Su reto era convertirse en un operador paneuropeo, pero seguir creciendo no iba a ser fácil en un entorno como el que se pronosticaba sobrecapacidad y donde se competía claramente por precio y Ryanair era el rey.